De
la mano de Máximo Lafuente, un hostelero aragonés,
inquieto y buen conocedor de los productos y la coquinaria
española, el Mesón Los Cabezudos, de Lugo, se
ha ido granjeando una merecida fama de establecimiento singular.
Originalidad y éxito que se basan en el maridaje de
conceptos tradicionales como la muy buena relación
calidad-precio, pero que aúna con un trato casi familiar
y personalizado a cada uno de sus clientes, sin olvidar sus
exquisitos menús degustaciones (mejllones, gambas,
chipirones, setas, cogollos, revueltos, croquetas, pimientos,
filloas, pechuguitas al roquefor, etc.), que el propietario
ha bautizado como "mariconadas a tope".
Precisamente por esta oferta y su peculiar denominación,
que el propio Máximo Lafuente se ha encargado de promover,
el establecimiento ha ido conquistanto a su clientela desde
todos los rincones de Galicia. Pero al mismo tiempo, el Mesón
los Cabezudos también se diferencia del común
denominador, que se encuentra en el sector, gracias al trato
y el servicio que Máximo dispensa a sus clientes: desde
la forma de "vender" su carta (narrándoles
el origen de los productos y la elaboración de los
platos elegidos), hasta la afabilidad (sin reverencia ceremonial
alguna) en el protocolo con el comensal. Pero todos estos
valores sólo son el complemento de la oferta gastronómica
que propone el mesón que, entre otras de sus cualidades,
destaca por la constante renovación de su carta, que
en la actualidad incluye búfalo, bisonte, canguro,
cebra, ciervo, antílope o gacela. En la elaboración
de estos productos, así como del resto de su coquinaria,
es de destacar la labor de Beni (esposa de Máximo)
al frente de los fogones, autora de manjares como la Lubina
a la espalda, la Cazuela de merluza o las Filloas de espinaca.
También en su carta de carne y aves son meritorias
elaboraciones como el solomillo de avestruz, las mollejas
de pato, las chuletitas de lechal o los pichones al estilo
"pilara".